En 1892 abre sus puertas el Café Madrid como confitería y tienda con un pequeño salón, aunque en poco tiempo se ampliaría como café ocupando el local colindante y el piso superior.
Las tertulias de escritores, periodistas y personas de relevancia de Málaga eran comunes. Era cita obligada para actores y público pasar por aquí al término de las funciones de teatro.
El Café Madrid abría las 24 horas y no cerraba nunca: Pasaban todos los turnos de fábricas y periódicos de alrededor.
En la Guerra Civil los edificios de la otra acera de Calderería cayeron en un bombardeo, y lo único que se vio dañado del edificio del Café Madrid fue una esquina de la barandilla de la última planta y que sigue en las mismas condiciones como recuerdo anecdótico
Hoy en día es unos de los símbolos de Málaga por su antigüedad, servicio y la calidad que ofrece.
El Perchel no es hoy una aproximación de lo que fue. En pie todavía algunas de sus antiguas casas y calles como las de Ancha del Carmen, Peregrinos, Angosta del Carmen, Huerto de la Madera, Eslava, Salitre o Cuarteles, se echan de menos antiguas algarabías, rumores y músicas urbanas que nos recuerdan la antigua plaza de Ortigosa o de San Pedro y Mamely, de las calles Esquilache, Cerezuela, Istúriz, Matadero Viejo, La Puente, Zúñiga, San Jacinto, Santa Rosa, Cerrojo, Huerta del Obispo, etc. En las que un abigarrado y concurrido friso humano hecho a todas las vicisitudes y carestías aprendió que ser perchelero lo era a costa de la propia persona, pues defender tal peculiaridad ciudadana de origen acarreaba no pocas dificultades para integrarse en la población intramuros.
Esta es la razón por la cual las gentes del Perchel, más tarde ocurriría lo mismo con las de la Trinidad, a medida que ambos barrios acabaran por unirse a través del «Llano», tuvieron que desarrollar un sistema de vida siempre a la defensiva en relación con los ciudadanos abrigados por las murallas árabes.Precisamente si Cervantes menciona los Percheles en su «Don Quijote», es por la circunstancia de que ya en el siglo XV era la zona de un muestrario tipológico de la picaresca másque un retablo diseñado por convencionalistas usos urbanos.
En el Perchel se tejió la vieja institución del chulo de barrio, del amo de la calle o del «guapo», sin cuyo consentimiento difícilmente se podía realizar ninguna iniciativa particular o colectiva.
De estilo neoclásico, se terminó de edificar en 1826, a la manera de los palacios renacentistas italianos: con cuatro crujías en torno a un patio central porticado. Proyectado por el arquitecto Manuel Martín Rodríguez, posteriormente fue Real Fábrica de Tabaco y Subdelegación del Gobierno en la Provincia. El edificio destaca por sus muros almohadillados y por las altísimas palmeras que flanquean su fachada principal.
Las obras de rehabilitación del Palacio para que se convierta en la sede del Museo de Málaga han sido adjudicadas por el Ministerio de Cultura.
El edificio sufrió un grave incendio en la madrugada del día 26 de abril de 1922, en el que 28 personas del personal subalterno que vivían en la buhardilla, por quemaduras, asfixia o salto al vacío murieron . El edificio perdió la mansarda en aquel incendio.
Rosendo Rodríguez Arrabal, pertenecía a la Armada cuando el día 16 de Diciembre de 1900, acaeció el naufragio de la fragata alemana Gneisenau. En ese momento tan dramático, ocupaba el cargo de primer contramaestre del puerto en la Comandancia de Marina de la capital.
Su comportamiento fue tan heroico en los trabajos de salvamento, que se hizo acreedor de un ascenso al grado de Alferez de Fragata, concedido por S.M. el Rey D. Alfonso XIII. También por este mismo motivo le fue impuesta por el gobierno aleman, la Cruz de la Orden de la Corona Real de Prusia y se hizo merecedor de la medalla de plata de la Sociedad de Salvamento de Naufragos.
Es considerado en varios documentos como “Prohombre” de Málaga y fue condecorado en ocho ocasiones por su valor y arrojo ante el peligro, en particular durante las inundaciones de Málaga de Diciembre de 1907, en las de los lagares “Contador” y “Perfales” en 1898, donde salvó la vida de seis personas, en incendios de barcos del puerto, etc.
Además fue empresario teatral y autor de varias obras, entre ellas la Zarzuela “Gratitud de un Marino” estrenada en el teatro Vital Aza de Málaga el 4 de Septiembre de 1903.
Actualmente Rosendo Rodríguez Arrabal, está siendo propuesto para pertenecer en memoria a las placas de la nueva remodelación de la Plaza de la Merced.
Agradecimientos:
Enrique Ledesma Rodríguez (nieto de Rosendo Rodríguez Arrabal)
Unas cuantas sardinas frescas, una pizca de sal y el punto justo en el fuego; poco más. Para hacer un buen espeto no hace falta mucho. Eso sí, no es tan fácil como parece: hay ciertos trucos. Aunque ahora sea difícil divisar una playa de Málaga en la que no se preparen estos típicos manjares, lo cierto es que antes esto no era así. Desde luego, no es nada moderno. Se trata de la forma tradicional en la que la gente del mar asaba este pescado. La sardina constituía una alternativa nutritiva a la par que barata para las gentes humildes del lugar. En aquella Málaga de finales de siglo XIX, El Palo era un pueblo de pescadores que estaba en pleno desarrollo. La llegada del tranvía y del tren a la zona también trajo consigo a gran parte de los ciudadanos que acudían a su playa para pasar su jornada de descanso.
En 1882, Miguel Martínez Soler creó un merendero: la Gran Parada. Un lugar de paso, un chiringuito emblemático de la ciudad al que acudiría gran cantidad de malagueños. Entre ellos, algunas celebridades del momento como Anita Delgado (que se convertiría después en majaraní de Kapurthala). El establecimiento poseía un ambiente un tanto bohemio que atraía a gente del mundo del baile, del toreo y de la farándula. Este rincón también podía presumir de haber recibido, el 21 enero de 1885, la visita de su majestad el rey Alfonso XII, que venía de comprobar “in situ” los destrozos que un devastador terremoto había producido en la comarca de la Axarquía.
En estas fechas se cumple el 125 aniversario de la apertura del merendero La Gran Parada. Su propietario, Miguel Martínez Soler, fue el primer malagueño en asar el pescado ensartado en una caña. Un famoso personaje que sirvió de comer al mismísimo Alfonso XII describe así el momento: Cuando Miguel le ofreció uno de sus famosos espetos, el rey “atacó” el plato con cuchillo y tenedor. En aquel momento él se adelantó y dijo: Majestad, así no, con los deos». Rápidamente “Migué el de las sardinas” cosechó una gran popularidad. Su fama fue enorme en la ciudad, hasta llegó a aparecer en algunas publicaciones. Reconocido como el “padre” de los espeteros, Miguel inició toda una saga de “amoragaores” muy conocidos. Detrás de él vinieron José Segovia, “El pantalones”; Gregorio “El cojo”; Miguel “El funa”; Cayetano Vargas “El chote”; Miguelillo “El chirrín-chirrán”…Todos ellos extendieron pronto la moda de la sardina en el palo. Proliferaron nuevos chiringuitos en la zona: Cazorla, “El tragando”… la mayoría no sobrevivieron a la mitad de siglo. La Gran Parada tampoco. Sin embargo, la fama de “Migué” sigue viva. Y, como no, sus espetos. Curiosamente, su sobrino (Perico Martínez Román) también abrió su particular restaurante que, aún hoy, sigue abierto. ¿Quién no conoce “Casa Pedro”?
Fuente:
El Avisador Malagueño (Octubre 2010) / http://elavisador.es/
A continuación vamos a sacar una serie de artículos denominados “Láminas”, donde tendrán cabida todas las fotos dispersas de nuestro archivo y que nos parece interensante que las disfruteis, lugares típicos, escondidos y algunos irreconocibles. Espero que os guste esta serie de artículos fotográficos.